Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXXVII. Se esforzó ante todo en garantizar la seguridad ciudadana contra los bandidos, ladrones y abusos de los sediciosos. Distribuyó por Italia destacamentos militares más numerosos de lo habitual. Construyó un cuartel en Roma para albergar las cohortes pretorianas, hasta entonces errantes y dispersas en alojamientos particulares. Reprimió los alborotos populares, nada más iniciarse, y tomó medidas para evitar que se produjesen. Al haberse cometido un homicidio en el teatro a causa de una reyerta, condenó al exilio a los actores y a los jefes de los dos grupos por cuya culpa se había originado el altercado y, a pesar de todos los ruegos del pueblo, no se pudo conseguir que levantara la sanción. Como el populacho de Polencia[53] había impedido que saliese del foro el féretro de un primipilo en tanto no se hubo conseguido arrancar por la fuerza a los herederos el dinero suficiente para unos juegos de gladiadores, Tiberio hizo salir de Roma una cohorte y otra del reino de Cocio[54] sin mencionar el motivo de la partida; luego, desenvainando de súbito sus armas y a toques de clarín, las hizo entrar en la ciudad por todas las puertas y metió en la cárcel para el resto de su vida a la mayoría de la plebe y de sus magistrados. Abolió el derecho y la costumbre de asilo, allí donde todavía existiese. A los habitantes de Cícico[55], por haberse atrevido a perpetrar distintos actos de violencia contra ciudadanos romanos, les retiró, como pueblo, la libertad que se habían ganado durante la guerra contra Mitridates. Puesto que, desde que sucedió a Augusto, no participó personalmente en ninguna expedición militar, reprimió los levantamientos hostiles por medio de sus legados y, aun así, siempre entre titubeos y sólo si era absolutamente necesario. A los reyes enemigos o sospechosos de rebeldía los contuvo más con amenazas y quejas que con la fuerza. A algunos de ellos, después de atraerlos junto a sí con halagos y promesas, los retuvo en Roma, como a Marabodo de Germania, a Rascuporis de Tracia y a Arquelao de Capadocia, cuyo reino transformó en provincia romana.