Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XXXVIII. Durante los dos años siguientes a la obtención del trono imperial, no puso los pies fuera de Roma. En los años posteriores, tampoco se ausentó jamás de la ciudad, a no ser para dirigirse a poblaciones cercanas, siendo Ancio la más lejana de ellas, y, aun así, en pocas ocasiones y durante muy pocos días; y eso, a pesar de que había anunciado muchas veces que iría a visitar las provincias y los ejércitos, para lo cual, casi cada año, se preparaba su viaje reuniendo los vehículos, preparando el avituallamiento en los municipios y colonias e incluso aceptando que se hicieran votos para su partida y su regreso, hasta el punto que el pueblo llamaba a Tiberio, en tono de guasa, «Calípides», quien, según un proverbio griego, era famoso por estar siempre corriendo sin avanzar un solo paso.

XXXIX. Sin embargo, después de perder a sus dos hijos, de los que Germánico murió en Siria y Druso en Roma[56], se retiró a Campania; casi todo el mundo pensaba y decía que no volvería nunca a la Urbe e, incluso, que moriría pronto. Y poco faltó para que se hicieran realidad ambas cosas. Pues, en efecto, nunca volvió a Roma y, pocos días después, mientras estaba cenando cerca de Tarracina, en su quinta de recreo llamada «La Cueva», se desprendieron casualmente de lo alto varias y enormes rocas y, aunque muchos de los comensales y sirvientes fueron aplastados, Tiberio se salvó sorprendentemente.


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