Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LXIII. Existen muchos indicios de que, ante tal sevicia, Tiberio vivió, no sólo odiado y aborrecido por todos, sino también aterrado y objeto de toda clase de improperios. Prohibió que los arúspices fueran consultados en secreto y sin testigos. Intentó también hacer desaparecer los oráculos cercanos a Roma, pero desistió de ello aterrado por el poder de las suertes de Preneste, pues, después de guardarlas bajo sello y transportarlas a Roma, no pudo encontrarlas en el arca, hasta que fueron llevadas de nuevo a su templo. A algunos ex cónsules, después de ofrecerles sus respectivas provincias, no se atrevió a dejarles marchar de su lado y los retuvo hasta que, después de algunos años, nombró sus sustitutos y, entre tanto, como eran los titulares de su cargo, les delegaba con frecuencia muchos asuntos, para que mediante legados y ayudantes se ocuparan de llevarlos a término.
LXIV. Después de condenados, nunca trasladó a su nuera y nietos de un lugar a otro, a no ser cargados de cadenas y en litera cerrada, impidiendo mediante una escolta que los viandantes o los curiosos pudieran verlos o pararse junto a ellos.