Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares IV. Estas virtudes le reportaron fecundos frutos, pues disfrutó de tal consideración y cariño por parte de sus allegados, que Augusto —prescindo del resto de sus familiares—, después de dudar largo tiempo si lo nombraba su sucesor, ordenó a Tiberio que lo adoptase. Fue también tan querido por las masas, que muchos escritores afirman que siempre que llegaba a algún lugar o se marchaba de algún sitio, era tal la multitud de gente que salÃa a su encuentro o que acudÃa a despedirlo, que algunas veces corrió peligro de morir asfixiado y que, cuando, tras sofocar la rebelión, regresaba de Germania, salieron a recibirle todas las cohortes pretorianas, aunque se habÃa dispuesto que únicamente dos de ellas fueran a su encuentro, y que todo el pueblo romano, sin distinción de sexos, edad o escala social, se volcó en su recibimiento, abarrotando el camino hasta el vigésimo miliario[5].