Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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Tomó como colega suyo en el consulado a su tío paterno Claudio, en aquellos días un simple caballero romano. Adoptó a su hermano Tiberio[27] el día en que éste tomó la toga viril y le otorgó el título de «príncipe de la juventud». Con respecto a sus hermanas, decretó que en todos los juramentos se añadiese el siguiente párrafo: «Y no me amaré más a mí mismo y a mis hijos de lo que amo a Cayo y a sus hermanas». Y también en los informes y propuestas de los cónsules se había de incluir la fórmula: «Y que esto sea bueno y venturoso para Cayo y sus hermanas».

Con iguales intenciones demagógicas perdonó a los condenados a muerte y a los exiliados. Concedió también una amnistía general para todas las causas criminales, si es que todavía quedaban algunas pendientes del período anterior. Hizo llevar, además, al foro todos los expedientes de las causas instruidas contra su madre y sus hermanos y los hizo quemar, para que en adelante ninguno de los delatores o testigos viviera atemorizado, jurando por los dioses en voz alta y clara que no había leído ni tocado ninguno de aquellos legajos. Rechazó un libelo que se le presentó, según el cual su vida corría peligro, argumentando que no había hecho nada por lo que alguien pudiera odiarlo, y se negó a prestar oídos a los delatores.


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