Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXII. Hasta aquí las acciones de Calígula, por así decirlo, propias de un príncipe; pero tenemos ahora que narrar aquellas otras que, ciertamente, fueron propias de un monstruo. Aunque había adoptado numerosos títulos (pues era llamado «el piadoso», «hijo del campamento», «padre del ejército» y «óptimo, máximo césar»), al escuchar casualmente a unos reyes —que por obligaciones de estado habían ido a Roma— competir ante él, después de cenar, sobre la nobleza de sus respectivas estirpes, exclamó:
Uno sólo debe ser el soberano; uno sólo el rey[39].