Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares Mostrando los informes que había simulado quemar, arremetió con frecuencia contra todos los senadores, tachándolos de partidarios de Sejano, delatores de su madre y de sus hermanos, y justificando la crueldad de Tiberio, como si fuera algo inevitable, ya que tenía que creer a tantos acusadores. Encolerizado contra la masa del pueblo, que en el circo animaba a unos contendientes que no eran sus favoritos, exclamó: «¡Ojalá el pueblo romano tuviera un único cuello!». Un día que se le pedía que hiciese salir a la arena a un bandido llamado Tetrinio, repuso que todos los que se lo pedían eran también unos Tetrinios. En otra ocasión, cinco reciarios[56], que luchaban en grupo, habían sido vencidos, sin oponer resistencia, por otros tantos gladiadores[57]; cuando los espectadores pidieron su muerte, uno de ellos, recogiendo el tridente, dio muerte a todos los vencedores. Calígula deploró en un edicto aquella matanza, tildándola de sumamente cruel, y maldijo a todos los que se atrevieron a contemplarla.