Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXXIII. Entre otras muchas de sus bromas, un día que se hallaba junto a la estatua de Júpiter preguntó a Apeles, un actor trágico, cuál de los dos le parecía más importante; como éste dudaba, lo hizo flagelar hasta la muerte, sin dejar de elogiar su voz mientras pedía clemencia, manifestando que ésta era preciosa incluso cuando gemía. Siempre que besaba el cuello de su esposa o de alguna de sus amantes, añadía: «¡Un cuello tan hermoso que será cortado en el momento que yo lo ordene!». Más aún, proclamaba continuamente que tenía que averiguar de boca de su querida Cesonia, aunque fuera sometiéndola a tortura, por qué la amaba tan apasionadamente.