Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXVII. Para mantener la vinculación con Pompeyo y su favor, le ofreció en matrimonio a Octavia, nieta de su hermana y casada con Cayo Marcelo, y le pidió para sí mismo la mano de su hija, prometida a Fausto Sila. Tras haberse ganado al círculo íntimo de Pompeyo e incluso a una gran parte del Senado prestándoles dinero gratuitamente o a muy pequeño interés, también a los ciudadanos de las demás clases sociales, que invitados por él o espontáneamente acudían a visitarlo, los colmaba de generosísimos regalos e incluso obsequiaba a los libertos y esclavos de ínfima condición, en la medida en que eran estimados por su amo o patrón. Estaba ya considerado como el único y más decidido valedor de acusados, deudores y jóvenes manirrotos, a no ser que el peso de los crímenes, de la pobreza o de los excesos que los agobiaban fuese superior a sus posibilidades de ayudarlos. A éstos les decía entonces abiertamente que lo que ellos necesitaban era una guerra civil.