Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XLV. Luego, al no encontrar enemigos con quien combatir, ordenó sacar y esconder al otro lado del Rin unos cuantos germanos de su guardia y que, después del almuerzo, le anunciasen con el máximo tumulto posible que el enemigo estaba a la vista. Así se hizo. Él, con sus amigos y una parte de la caballería pretoriana, se dirigió precipitadamente al bosque vecino y, después de cortar algunos árboles y adornarlos a manera de trofeos, regresó de la espesura y apostrofó por su miedo y cobardía a aquellos que no le habían seguido, mientras que a sus compañeros y copartícipes de la victoria los condecoró con una nueva clase de coronas que, adornadas con la imagen del sol, la luna y las estrellas, las denominó «exploratorias»[68]. Del mismo modo, después de sacar unos cuantos rehenes de la escuela elemental y enviarlos por delante en secreto, abandonando de súbito el banquete, se lanzó con la caballería en su persecución como si se tratara de desertores y, tras apoderarse de ellos, los trajo de vuelta al campamento cargados de cadenas. También durante esta farsa totalmente desmesurada, cuando, al reemprender la comida, le comunicaron sus oficiales que el ejército estaba reunido, les hizo ponerse a cenar, tal como estaban, con la coraza puesta y les amonestó también con el célebre verso de Virgilio para que «permanecieran firmes y aguardaran tiempos más favorables». En medio de todos estos desafueros, mediante un durísimo edicto recriminó al ausente Senado y al pueblo que, mientras César combatía y se hallaba expuesto a tan graves peligros, ellos se dedicaban a celebrar intempestivos banquetes[69],air al circo, al teatro y a sus placenteros lugares de descanso.