Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XLIV. Nada más llegar al campamento, para demostrar que era un general exigente y severo, licenció con ignominia a varios legados por haber aportado con retraso las tropas auxiliares, aunque venían de remotos lugares. Cuando pasó revista al ejército, quitó la categoría de primipilo a muchos centuriones ya veteranos y a algunos otros que les faltaban tan sólo unos pocos días para licenciarse, alegando su vejez y su escaso vigor. Recriminando duramente la codicia de todos los demás, redujo a seis mil sestercios la prima de licenciamiento, después de toda una vida de milicia. Sin ningún otro éxito que haber aceptado la rendición de Adminio, hijo de Cinobelino, rey de los britanos, que, expulsado por su padre, se había pasado a los romanos con un pequeño grupo de hombres, envió una jactanciosa carta a Roma, advirtiendo a los mensajeros que llegasen en su vehículo[67] hasta el foro y la Curia y que únicamente la entregaran a los cónsules, cuando estuvieran en el templo de Marte y ante todo el Senado reunido.