Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XLIII. Una sola vez participó en la vida castrense y en las campañas militares, y no fue por un plan preconcebido, sino porque, habiéndose dirigido a Mevania[65] para ver el bosque y el río Clitumno y al aconsejarle alguien que completase su escolta personal bátava[66], le invadió un súbito deseo de realizar una expedición a Germania. Y no la demoró, sino que después de hacer venir legiones y tropas auxiliares desde todas las partes del Imperio, de llevar a cabo exhaustivas levas en todas las provincias y de reunir toda clase de avituallamientos en proporciones nunca vistas hasta entonces, se puso en camino, llevando una marcha a veces tan apresurada y rápida que las cohortes pretorianas, en contra de lo habitual, se vieron obligadas a colocar sus enseñas sobre jumentos y seguirlo de esta guisa, y otras veces, tan perezosa y delicada que se hacía transportar en litera por ocho hombres y exigía que la gente de las ciudades vecinas barriese y regase la calzada para evitar el polvo.