Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XLII. Mas cuando le nació su hija, lamentándose entonces de su indigencia y de sus cargas, no ya como emperador, sino como padre, recibía donativos para la manutención y dote de la recién nacida. Anunció, además, por un edicto que al inicio de año aceptaría también aguinaldos y, en las calendas de enero, se plantó en el vestíbulo de su palacio para recibir los óbolos que una multitud de toda clase de ciudadanos derramaba ante él a manos y bolsas llenas. En sus últimos días, enardecido por el deseo de palpar el dinero, esparciendo en un vastísimo salón enormes montones de monedas de oro, se paseaba a menudo sobre ellas con los pies descalzos, llegando, algunas veces, a revolcarse entre ellas completamente desnudo.