Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares VII. Por último, cuando Cayo, hijo de su hermano, ostentaba el poder e intentaba al inicio de su Principado granjearse el favor popular con toda clase de lisonjas, inició Claudio su carrera política, desempeñando el consulado como colega de Cayo durante dos meses. Y sucedió que, la primera vez que entraba en el foro precedido por las fasces, un águila que sobrevolaba la zona se posó sobre su hombro derecho. También cuatro años más tarde le correspondió por sorteo un segundo consulado y en alguna ocasión presidió los juegos en sustitución de Cayo, siendo vitoreado por el pueblo, gritando unos: «¡Larga y próspera vida al tío del emperador!», y otros: «¡Larga y próspera vida al hermano de Germánico!».
VIII. No por ello vivió menos sujeto a humillaciones. Si llegaba con un ligero retraso a la hora prefijada para la cena, a duras penas podía acomodarse en el comedor, y ello solamente después de dar toda una vuelta al recinto. Siempre que se adormilaba después de comer, lo que le sucedía con frecuencia, era hostigado con huesos de aceitunas y de dátiles y en algunas ocasiones le despertaban los bufones con la palmeta o una correa, como se hace en la escuela. Solían también, si estaba profundamente dormido, ponerle en las manos unos zapatos de mujer para que, al ser despertado bruscamente, se refregara con ellos el rostro.