Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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IX. Pasó también por situaciones muy comprometidas. La primera vez, durante su consulado, estuvo a punto de ser destituido de su cargo por no haberse ocupado con suficiente prontitud de ubicar y emplazar las estatuas de Nerón y Druso, los hermanos de César; luego, a causa de las continuas y diversas delaciones, surgidas no sólo de gente de fuera, sino incluso de alguno de sus servidores. Después de haber sido descubierta la conspiración de Lépido y Getúlico, corrió un grave riesgo, incluso de muerte, al ser enviado a Germania entre otros legados para ofrecerle sus parabienes al emperador, pues, enfurecido Cayo y despotricando por haberle sido enviado precisamente su tío, como si se tratara de controlar a un niño[14], llegó al extremo —no faltan historiadores que así lo cuentan— de hacer arrojar a Claudio al río completamente vestido, tal como había llegado. Además, a causa de este incidente, fue siempre el último de los consulares en dar su opinión en el Senado, puesto que Cayo le consultaba siempre en último lugar para humillarlo. Incluso se llegó a instruir contra él un proceso judicial por la falsedad de un testamento en el que él había firmado como testigo. Por último, obligado a abonar ochenta millones de sestercios para ingresar en un nuevo colegio sacerdotal, se vio en tales dificultades económicas que, no pudiendo cumplir sus compromisos con el erario, en virtud de la ley de adjudicaciones en subasta pública, sus bienes fueron puestos a la venta, sin condiciones, por un edicto de los prefectos del erario[15].


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