Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XVIII. Se preocupó siempre con exquisito cuidado del abastecimiento de trigo de Roma. Cuando el barrio Emiliano ardió a causa de un persistente incendio, permaneció durante dos noches en el local de recuento[25] y, ante la falta de soldados y el insuficiente número de esclavos, a través de los magistrados requirió el concurso y la ayuda de la gente de todos los barrios y, colocando ante sí unos cestos con dinero, les exhortó a que prestasen su ayuda, entregando a cada uno, según el trabajo aportado, una justa recompensa en metálico. En una ocasión, a raíz de una cosecha muy mala debido a una pertinaz sequía, fue retenido en el foro por una multitud vociferante y atacado con tal lluvia de mendrugos de pan que a duras penas pudo refugiarse en su palacio, entrando por la puerta de atrás; desde entonces buscó el sistema para hacer llegar vituallas, incluso en los meses de invierno. Propuso, en efecto, a los comerciantes unos beneficios seguros al hacerse cargo personalmente de sus pérdidas, si a alguno de ellos le sucedía algún percance a causa de las tormentas, y estableció importantes ventajas para los armadores de naves de carga, según las circunstancias de cada uno de ellos.