Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XVII. Emprendió una única campaña militar y, aun esa, de escaso relieve. Como consideraba los ornamentos triunfales que el Senado había decretado en su honor una dignidad de insuficiente esplendor para la majestad de un emperador y deseaba los honores del triunfo completo, eligió Britania como el lugar más idóneo para conseguirlo, país que desde el divino Julio nadie había pisado y que últimamente se había levantado en armas debido a unos tránsfugas que no les habían sido devueltos. Hacia allí, pues, se hizo a la mar desde Ostia y por dos veces, a causa del huracanado cierzo[22], estuvo a punto de naufragar, una vez cerca de Liguria y otra junto a las islas Estécadas[23]. Por esa razón, hizo el camino por tierra desde Marsella hasta Gesoriaco[24], desde donde pasó a Britania y, después de recibir en muy pocos días la sumisión de parte de la isla sin ningún combate ni bajas humanas, a los seis meses de haber partido regresó a Roma y celebró un triunfo completo, con la máxima solemnidad. Para presenciar ese espectáculo permitió viajar a la Urbe, no sólo a los gobernadores de las provincias, sino incluso a algunos exiliados. Y entre los despojos enemigos, fijó en lo más alto de su casa del Palatino, junto a la corona cívica, la corona naval que había obtenido, triunfal referencia del océano atravesado y, por así decirlo, sometido por él. Su esposa Mesalina seguía en una carroza su carro de triunfador; le seguían también los que habían conseguido ornamentos triunfales en esa misma guerra, pero todos a pie y revestidos de la toga pretexta, a excepción de Marco Craso Frugi que cabalgaba sobre un corcel enjaezado y con la túnica palmata, pues era la segunda vez que obtenía ese honor.


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