Vida de los doce Cesares

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XVI. Ejerció también la censura que durante largo tiempo, desde los censores Planco y Paulo[19], había quedado interrumpida. Pero también esta magistratura la desempeñó de forma desigual, con variable ánimo y resultado. Durante la revista del orden ecuestre, a un joven repleto de toda clase de vicios, pero de quien su padre afirmaba que para él era un dechado de virtudes, lo dejó marchar sin deshonor, manifestando que ya tenía su propio censor. A otro, conocido por sus inmoralidades y adulterios, se limitó a aconsejarle que se entregara a los excesos propios de su juventud con más moderación y, desde luego, con más discreción; y añadió: «¿Por qué he de saber yo qué amante tienes?». Y en cierta ocasión en que, ante los ruegos de sus familiares, borró la nota infamante impuesta a un individuo, manifestó: «El borrón, sin embargo, permanecerá». A un ilustre y destacado personaje de la provincia de Grecia, pero que no sabía hablar en latín, no sólo le tachó de la lista de jueces, sino que le retiró la ciudadanía romana. Y no toleró que nadie rindiera cuentas de su vida, a no ser por su propia voz, cada cual como pudiese, y sin abogado defensor. Puso notas infamantes a muchos: a algunos de forma inesperada para ellos; a otros, al aplicarles nuevos motivos de infamia, como haber abandonado Italia sin su conocimiento y autorización; a otro, por haber sido en una provincia huésped de un rey, arguyendo que, antiguamente, los jueces habían imputado un delito de lesa majestad a Rabirio Póstumo por haber seguido a Ptolomeo a Alejandría con el fin de recuperar un préstamo que le había hecho. Trató también de infamar a muchos más, pero para mayor vergüenza de él mismo, por la gran negligencia de sus inquisidores se les encontró de ordinario inocentes; muchos de los acusados de soltería, de no tener hijos o de pobreza, demostraban después que eran maridos, padres o muy ricos; incluso uno de ellos, a quien se acusaba de haber intentado suicidarse con una espada, se quitó la túnica, mostrando su cuerpo intacto. Ocurrieron también durante su censura varios hechos notables: ordenó comprar y destruir en su presencia una carroza de plata, construida con el mayor lujo y que estaba en venta en el barrio de los Sigilarios[20]; promulgó en un solo día 20 edictos, dos de ellos muy curiosos, en uno de los cuales advertía que, dada la excelente cosecha de las viñas, se sellaran muy bien con pez las barricas y, en el otro, informaba que para las mordeduras de víbora nada iba mejor que el jugo del tejo[21].


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