Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXIV. Concedió las insignias consulares incluso a los procuradores[34] con unos ingresos de doscientos mil sestercios. A aquellos caballeros que rechazaban la dignidad senatorial[35], les privó también de la ecuestre. Aunque al principio había asegurado que no elegiría como senador a nadie que no fuera tataranieto de un ciudadano romano, otorgó el laticlave[36] al hijo de un liberto suyo, pero a condición de que fuese adoptado por un caballero romano. Temiendo, aun así, las críticas, argumentó que el censor Apio Claudio, el fundador de su estirpe, había elegido para el Senado hijos de libertos, ignorando que en tiempos de Apio y, en algunas ocasiones, también más tarde, se llamaba «libertos» no a aquellos mismos que eran manumitidos, sino a los hijos ya libres engendrados por ellos. Obligó al colegio de cuestores a ofrecer un juego de gladiadores en lugar de ocuparse de la pavimentación de las carreteras; les retiró también la administración de las provincias de Ostia y de la Galia, pero les devolvió el control del erario de Saturno[37] que, durante ese período intermedio, habían administrado los pretores o, como en aquellos días, los ex pretores. A Silvano, el prometido de su hija, le concedió las insignias triunfales cuando era todavía un niño, pero las prodigó también a tantos adultos y tan fácilmente, que se conserva una carta en nombre de todas las legiones solicitando que se otorgaran las insignias triunfales a los legados consulares en el mismo momento de asumir el mando del ejército, para evitar que con cualquier pretexto buscaran un motivo de guerra. Decretó los honores de la ovación en favor de Aulo Plaucio[38] y, saliendo a su encuentro, se mantuvo a su izquierda durante la entrada a la ciudad, en la subida al Capitolio y, de nuevo, en su regreso desde allí. A Gabino Segundo, tras su victoria sobre los caucos, una tribu germánica, le concedió poder utilizar el sobrenombre de «Cauquio».