Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXVII. Claudio tuvo hijos de sus tres primeras esposas: de Urgulanila, a Druso y Claudia; de Petina, a Antonia; de Mesalina, a Octavia y un hijo llamado primero Germánico y luego Británico. En Pompeya, perdió a su hijo Druso, todavía un niño, ahogado por una pera que, jugando, lanzaba al aire y recogía con la boca abierta; hacía unos pocos días que se había prometido con la hija de Sejano. Por ello me sorprende mucho que hubiera quienes afirman que había muerto debido a una intriga de Sejano. A Claudia, concebida en realidad de su liberto Botere, aunque había nacido cinco meses antes de su divorcio de Urgulanila y había comenzado a criarla él, ordenó, no obstante, arrojarla desnuda fuera del palacio y abandonarla junto a la puerta de la casa de su madre. A Antonia la casó primero con Cneo Pompeyo el Grande y luego con Fausto Sula, jóvenes ambos de la más alta alcurnia; en cuanto a Octavia, aunque previamente estaba prometida a Silano, la casó con su hijastro Nerón. A Británico, que le había nacido a los veinte días de ser emperador, durante su segundo consulado, siendo todavía un niño lo recomendaba ya con frecuencia al ejército en las asambleas, llevándolo en brazos, y al pueblo, en los espectáculos públicos, sentándolo en sus rodillas o delante de él, y sumándose también a la multitud de los que aclamaban al niño, deseándole fastos augurios. De sus yernos, adoptó a Nerón. En cuanto a Pompeyo y Silano, no tan sólo los rechazó, sino que los hizo matar.