Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXXIII. Así pues, una vez hubo hecho cruzar el puente al ejército, llevando consigo a los tribunos de la plebe que habían llegado allí expulsados de Roma, ante todo el ejército reunido en asamblea, llorando y rasgándose la túnica sobre el pecho, apeló a la lealtad de sus soldados. Se cree que prometió incluir a cada uno de ellos en el censo de la clase ecuestre, pero se debe a una errónea interpretación. Pues mientras arengaba y exhortaba a sus hombres, afirmaba, mostrando insistentemente el dedo de su mano izquierda, que, para recompensar a todos aquellos que iban a luchar para defender su honor, estaba dispuesto incluso a perder su anillo sin inmutarse. Pero las últimas filas de la Asamblea, para las que era más fácil ver al orador que escucharlo, creyeron que había dicho lo que se imaginaban por el gesto; y se difundió el rumor de que les había prometido a cada uno de ellos el derecho a portar el anillo ecuestre con los cuatrocientos mil sestercios incluidos[37].