Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXXII. Mientras permanecía allí indeciso, ocurrió el siguiente prodigio. Un individuo de extraordinaria estatura y belleza apareció de repente, sentándose junto a ellos mientras tocaba una flauta. Habiéndose congregado allí para escucharle además de muchos pastores también los soldados del destacamento y, entre ellos, los trompetas del ejército, arrebatándole a uno su trompeta saltó hacia el río y, comenzando a tocar con gran brío el clarín militar, se dirigió a la orilla opuesta. Dijo entonces César: «Vayamos adonde los prodigios de los dioses y la iniquidad de los enemigos nos llaman. La suerte está echada».