Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XLIV. No mucho después, redactó su testamento y lo registró con las firmas de todos los magistrados. Así pues, antes de que Claudio pudiera ir más lejos, Agripina se apresuró a actuar, pues aparte de todos estos hechos, le apremiaba también su propio sentimiento de culpabilidad, así como los delatores de sus numerosos delitos. Todos están de acuerdo en que Claudio murió envenenado, pero existen discrepancias sobre dónde se produjo y quién le administró el veneno. Afirman algunos que ocurrió mientras asistía a un banquete en el Capitolio con los sacerdotes y por medio del eunuco Haloto, su catador; otros aseguran que fue durante un convite familiar y mediante la propia Agripina, que le ofreció una seta envenenada, pues a Claudio le entusiasmaba esa clase de comida. Tampoco hay unanimidad sobre los hechos que sucedieron a continuación. Muchos dicen que después de ingerir el veneno quedó en silencio y, atormentado por el dolor durante toda la noche, murió al amanecer. Otros afirman que al principio se quedó como amodorrado y luego, al repetirle la comida, la vomitó toda, por lo que se le suministró de nuevo un veneno, no se sabe si mezclado con una papilla, pretextando que, como había quedado exhausto, era preciso reanimarlo con nuevos alimentos, o bien, por medio de una lavativa, haciéndole creer que se encontraba mal por estar empachado y que este modo de evacuación también le aliviaría.