Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XLIII. Hacia el final de su vida, Claudio dio inequívocas pruebas de estar arrepentido de haberse casado con Agripina y de haber adoptado a Nerón; así, en una ocasión en que sus libertos recordaban y alababan un proceso del día anterior en el que había condenado a una mujer acusada de adulterio, reconoció públicamente que «por voluntad de los hados él había tenido siempre esposas impúdicas, pero que no habían quedado impunes». Y, al encontrarse poco después con Británico, lo abrazó con fuerza y le instó a hacerse mayor para poderle dar cuenta de todas sus acciones; y continuó en griego: «El que te ha herido, te curará»[56]. Y también, cuando decidió que vistiera la toga viril, en cuanto su estatura se lo permitiese, aunque era todavía impúber y muy jovencito, añadió: «Para que el pueblo romano tenga por fin un verdadero césar».