Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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NERÓN

I. De la estirpe Domicia, surgieron dos ilustres familias: la de los Calvinos y la de los Enobarbos. Los Enobarbos[1] deben su origen y su sobrenombre a Lucio Domicio, de quien se cuenta que, cuando regresaba en cierta ocasión del campo, dos hermanos gemelos de majestuosa belleza[2] le ordenaron que anunciase al Senado y al pueblo una victoria, de la que todavía no se sabía nada seguro y, como prueba de su divinidad, le acariciaron de tal manera sus mejillas que sus negros cabellos se tornaron de un rojo brillante, semejantes al cobre. Este rasgo característico permaneció también en sus descendientes, una gran parte de los cuales lucieron una rojiza barba. Obtuvieron siete consulados, un triunfo y dos preturas y, adscritos siempre entre los patricios, conservaron todos ellos el mismo sobrenombre. Como nombres propios emplearon tan sólo los de Cneo y Lucio; y aun éstos con una curiosa variación, pues a veces mantenían uno de ellos, el que fuera, durante tres generaciones y, otras, los alternaban cada generación. Sabemos, en efecto, que hubo un primer, un segundo y un tercer Lucio Enobarbo; luego, los tres siguientes, por orden, se llamaron Cneo y, los restantes, recibieron alternativamente el nombre de Lucio y Cneo. Me parece oportuno mencionar y dar a conocer a varios miembros de esta familia para que se vea mejor que, así como Nerón degeneró con respecto a las virtudes de sus antepasados, retuvo en cambio los vicios de cada uno de ellos, como si fueran hereditarios y congénitos.


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