Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares VII. Antes de llegar a la pubertad, siendo todavía de tierna edad, tomó parte con gran constancia y brillantez en los juegos hípicos troyanos[13], durante unos juegos circenses. A los once años de edad fue adoptado por Claudio y confiado para su educación a Anneo Séneca, que en esa época era ya senador. Se cuenta que Séneca, la noche anterior, soñó que estaba aleccionando a Cayo César[14]; Nerón hizo muy pronto realidad ese presagio, poniendo de manifiesto así que le fue posible, con sus primeras actuaciones, la monstruosidad de su naturaleza. En efecto, como tras su adopción, su hermano Británico[15] le continuaba llamando como siempre «Enobarbo», intentó desacreditarlo ante su padre, diciéndole que no era hijo suyo. A su tía Lépida, que había sido acusada, la perjudicó seriamente testificando en su misma presencia contra ella, para complacer a su madre, que la acusaba sin descanso. Cuando fue llevado al foro por primera vez, ofreció un reparto de alimentos al pueblo y gratificaciones a los soldados y, cuando se le ordenó pasar revista a los pretorianos, empuñó el escudo con su propia mano; luego, en el Senado, dio las gracias a su padre Claudio. También ante su padre, cónsul en aquellos momentos, pronunció un discurso en latín en favor de los habitantes de Bolonia y otro en griego, en favor de los moradores de Rodas y de Troya. Como prefecto de Roma[16], administró justicia por primera vez durante las fiestas latinas, rivalizando los más célebres abogados en presentar ante su tribunal, no las demandas ordinarias y breves, como era costumbre, sino las más importantes y en gran número, aunque había sido prohibido por Claudio. Poco después se casó con Octavia[17] y ofreció unos juegos circenses y una cacería de fieras por la vida de Claudio.