Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares VIII. Tenía 17 años de edad cuando se hizo pública la muerte de Claudio[18]. Entre la sexta y la séptima hora[19] se dirigió al cuerpo de guardia, pues, debido a la conmoción de todo aquel día, parecía que no había un momento más adecuado para estrenarse en el poder. Aclamado como emperador en las gradas de palacio, fue transportado en litera a los cuarteles de los pretorianos y, después de solicitar el apoyo de los soldados, se dirigió apresuradamente a la Curia, saliendo de ella hacia el atardecer, habiendo rechazado, de los innumerables honores con que fue colmado, tan sólo el de «padre de la patria», a causa de su edad.
IX. Comenzando entonces con una demostración de piedad filial, honró a Claudio con un funeral del máximo fausto, pronunció su elogio fúnebre y lo elevó a la categoría de los dioses. También rindió los máximos honores a la memoria de su padre Domicio. En cuanto a su madre, le confió el máximo poder en todos los asuntos privados y públicos. El primer día de su reinado dio como santo y seña al tribuno de guardia «la mejor de las madres» y, a partir de entonces, se desplazaba a menudo por las calles de Roma en la litera y en compañía de su madre. Estableció en Ancio[20] una colonia, asignándole veteranos de las fuerzas pretorianas y añadiéndole los más ricos de los ex primipilos, que hubieron de cambiar de domicilio. Construyó también allí un puerto, de costosísima realización.