Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LV. Ambicionaba una fama eterna e imperecedera, pero de un modo absurdo. Así pues, a muchas cosas y lugares les cambió su nombre tradicional y les puso uno nuevo, derivado de su propio nombre: llamó «Neroniano» al mes de abril y también tenía pensado dar a Roma el nombre de «Nerópolis».

LVI. Despreció todas las religiones, excepto la de una diosa siria[82]. Más tarde, también a esta diosa la despreció hasta tal extremo, que la profanó, orinando sobre ella, debido a haber sido ganado por otra supersticiosa creencia, la única a la que se mantuvo permanentemente fiel: en efecto, tras haberle obsequiado con la estatuilla de una muchacha un desconocido hombre de la plebe, manifestando que era un remedio contra las intrigas, y haberse descubierto acto seguido una conjuración, Nerón la veneró en adelante hasta su muerte como si fuera una gran divinidad, ofreciéndole sacrificios tres veces al día, y quería que se creyera que, gracias a sus indicaciones, conocía de antemano el futuro. Pocos meses antes de su muerte, consultó también las entrañas de las víctimas, sin obtener nunca favorables presagios.




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