Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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III. Sería interminable enumerar, uno a uno, los personajes y los títulos de nobleza de todo su linaje, por lo que me referiré brevemente a su familia más cercana. No se sabe a ciencia cierta cuál fue el primero de los Sulpicios que llevó el sobrenombre de Galba, ni por qué ni de dónde le vino ese apodo. Algunos creen que procede de haber finalmente incendiado con antorchas impregnadas en gálbano[5] una ciudad de España, sitiada inútilmente desde hacía mucho tiempo. Otros, de haber utilizado frecuentemente durante una prolongada enfermedad el «gálbano», es decir, medicamentos envueltos en lana. Otros, porque debía ser un hombre muy grueso, que los galos llaman «galba», o, al contrario, porque habría sido tan delgado como los insectos que se originan en las encinas y que reciben el nombre de «galbae». Enalteció la familia el consular Servio Galba[6], el mejor orador de su época, de quien dicen que, tras obtener después de su pretura el gobierno de España, provocó la guerra de Viriato, por haber hecho degollar a traición a treinta mil soldados lusitanos. Su nieto, que, por haberle negado el consulado, odiaba a Julio César, de quien había sido legado en las Galias, se unió a la conspiración de Casio y Bruto, por lo que fue condenado en virtud de la Ley Pedia[7]. De éste descienden directamente el abuelo y el padre del emperador Galba. Su abuelo, más ilustre por su erudición que por sus cargos públicos (pues no pasó de pretor), publicó una extensa y cuidada historia. Su padre, que llegó a ejercer el consulado, pleiteó a menudo y muy hábilmente, aunque era de baja estatura, jorobado y tenía poca facilidad de palabra. Se casó, primero, con Mumia Acaica, nieta de Catulo y biznieta de Lucio Mumio, el destructor de Corinto[8], y más tarde con Livia Ocelina, mujer de gran fortuna y belleza; se cree, no obstante, que fue ella la que se adelantó a seducirlo, atraída por la nobleza de su linaje, y todavía con mayor obstinación después de que él, ante sus insistentes requerimientos, le descubriese en secreto, quitándose la ropa, la deformidad de su cuerpo, para que no pareciese después que podía haberse aprovechado de su ignorancia. De Acaica engendró a sus hijos Cayo y Servio. Cayo, el primogénito, después de haber dilapidado su patrimonio se marchó de Roma y más tarde se suicidó, cuando Tiberio le prohibió participar en el sorteo de los proconsulados, el año que le correspondía.


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