Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares VII. Cuando se comunicó la muerte de Cayo, a pesar de que fueron muchos los que le incitaban a aprovechar la ocasión, prefirió mantenerse en calma. Por este motivo fue especialmente estimado por Claudio, que le incluyó en su círculo de amigos y le dispensó tan gran consideración que, al ponerse Galba súbitamente enfermo, aunque no revestía gravedad, Claudio retrasó su expedición a Britania. Fuera de sorteo obtuvo durante dos años, como procónsul, el gobierno de África, habiendo sido elegido para reorganizar la provincia, que se hallaba agitada por las disensiones internas y una revuelta de los bárbaros. Galba, en efecto, puso orden, aplicando con sumo cuidado severidad y justicia, incluso en los detalles de menor importancia. Prohibió que a un soldado, acusado de haber vendido un modio de trigo por cien denarios durante una expedición marcada por una especial penuria de víveres, se le prestase ninguna ayuda cuando empezase a carecer de alimentos y, en consecuencia, murió de hambre. Un día que administraba justicia se pleiteó sobre la propiedad de una mula; como la debilidad de los argumentos y testimonios hacía difícil descubrir la verdad, decretó que se condujese al animal con la cabeza cubierta a su abrevadero habitual, que una vez allí se le retirase la caperuza y que su propietario sería aquel de los litigantes hacia el cual la mula se dirigiera espontáneamente después de haber bebido.