Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares V. Había confiado, en consecuencia, que sería adoptado por Galba y esperaba que sucediese de un día a otro. Pero, cuando sus esperanzas se desvanecieron al ser preferido Pisón a él, se decantó por la violencia, impulsado, no sólo por el resentimiento, sino también por la magnitud de sus deudas. No se le ocultaba, en efecto, que no podría sostenerse, a no ser como príncipe, y que nada importaba caer a manos del enemigo en el campo de batalla o a manos de sus acreedores en el foro. Unos días antes había obtenido de un esclavo del emperador un millón de sestercios a cambio del cargo de intendente que él le había conseguido. Esa cantidad le sirvió de ayuda para sus grandes proyectos. En primer lugar, confió la empresa a cinco soldados de la guardia personal del emperador; luego a otros diez, ya que cada uno de los primeros había propuesto a otros dos. A todos ellos les pagó diez mil sestercios en metálico y les prometió cincuenta mil más. Mediante estos soldados se captó a los restantes, pero no a demasiados, pues tenían la firme esperanza de que la mayoría se pondría de su parte al llegar el momento.