Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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II. Vespasiano nació en el país de los sabinos, en una pequeña aldea, más allá de Reate, llamada Falacrina[8], la tarde del día 15 de las calendas de diciembre, durante el consulado de Quinto Sulpicio Camerino y Cneo Popeo Sabino[9], cinco años antes de la muerte de Augusto. Se educó en casa de su abuela paterna Tertula, en su posesión de Cosa[10]. Por ello, siendo ya emperador, siguió frecuentado con asiduidad su lugar de nacimiento, permaneciendo la aldea tal cual era en tiempos pasados, para evitar, claro está, que faltara nada de lo que sus ojos estaban habituados a contemplar. Guardó también tan hondo cariño al recuerdo de su abuela, que en los días solemnes y festivos utilizaba siempre para beber la pequeña copa de plata de ella. Una vez hubo vestido la toga viril, rechazó durante mucho tiempo la túnica laticlava[11], a pesar de que su hermano la había aceptado, y únicamente su madre pudo persuadirlo por fin a solicitarla. Mucho le costó también a ella, pero lo consiguió al fin recurriendo más bien al sarcasmo que a los ruegos y a su autoridad, pues le llamaba siempre «el criado de su hermano», con el fin de zaherirlo. Sirvió como tribuno militar en Tracia. Como cuestor, obtuvo por sorteo las provincias de Creta y Cirene. Candidato a edil y más tarde a pretor, consiguió con gran dificultad la edilidad, a la segunda vez y en sexto lugar[12]; la pretura, en cambio, la obtuvo enseguida, a la primera y en primer lugar. Como pretor, para ganarse por todos los medios a Cayo[13], que odiaba al Senado, reclamó unos juegos extraordinarios para celebrar su victoria en Germania y propuso que, al castigo de los conjurados[14], se añadiese el arrojar sus cuerpos sin darles sepultura. Le agradeció también, en presencia del Senado, que se hubiese dignado concederle el honor de cenar con él en palacio.


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