Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XVI. Tan sólo se le puede culpar justificadamente de avidez de dinero. No contento con haber revocado las exenciones de impuestos concedidas por Galba, añadió otros nuevos y más onerosos, aumentó los tributos de las provincias —llegó a duplicar los de algunas de ellas— y practicó abiertamente algunas especulaciones que incluso para un simple particular hubieran sido motivo de vergüenza, comprando algunos bienes simplemente para revenderlos después por más dinero. No dudó tampoco en vender magistraturas a los candidatos e indultos a los acusados, tanto a los culpables como a los inocentes. También se cree que deliberadamente acostumbraba a ascender a las más altas responsabilidades a los más rapaces de sus procuradores, para poderlos condenar más tarde cuando se hubieran hecho más ricos; la gente decÃa que los utilizaba a manera de esponjas, porque era como si los empapase cuando estaban secos para exprimirlos más tarde. Afirman algunos que era sumamente codicioso por naturaleza y que asà se lo echó en cara un viejo boyero quien, al serle denegada la libertad gratuita[40] que habÃa pedido a Vespasiano cuando éste accedió al trono imperial, proclamó a gritos que «la zorra cambia de pelaje, pero no de costumbres». Por el contrario otros aseguran que fue la necesidad la que le indujo al pillaje y a la rapiña, debido a la penuria del erario público y del fisco, de la que dio testimonio ya desde el principio de su reinado cuando declaró que eran necesarios cuarenta mil millones de sestercios para que pudiera subsistir el estado. Parece que esta última opinión era la más cercana a la verdad, puesto que hizo un excelente uso del dinero, tan irregularmente obtenido.