Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XXIV. Después de experimentar en Campania, durante su noveno consulado, unos ligeros ataques de fiebre y de regresar por ello rápidamente a Roma, se dirigió a Cutilias[55] y a sus campos de Reate, donde cada año solía pasar el verano. Una vez allí, como, además de su grave estado de salud, contrajo una afección intestinal por beber continuamente agua helada, sin dejar por ello de desempeñar como siempre las funciones imperiales, hasta el extremo de escuchar desde su cama a los embajadores, al sufrir una repentina diarrea, que le iba a causar la muerte, manifestó: «Un emperador debe morir de pie». Y mientras hacía esfuerzos por levantarse, expiró en las manos de los que le sostenían, el día noveno antes de las calendas de julio[56], a los sesenta y nueve años de edad, un mes y siete días.

XXV. Todo el mundo coincide en que Vespasiano estuvo siempre tan seguro de su propia carta astral y de la de los suyos, que, después de las continuas conjuras en contra de él, se atrevió a afirmar ante el Senado que a él le sucederían sus hijos o que no lo haría nadie. Se dice también que en cierta ocasión vio en sueños una balanza colocada en mitad del vestíbulo de su casa del Palatino, perfectamente equilibrada, en uno de cuyos platillos estaban Nerón y Claudio, y, en el otro, él mismo y sus hijos. Y el sueño se cumplió, puesto que unos y otros reinaron el mismo número de años y durante igual espacio de tiempo.


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