Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares III. Durante los inicios de su reinado, solía retirarse cada día durante horas a un lugar apartado, sin hacer otra cosa que cazar moscas y atravesarlas con un estilete muy agudizado, de manera que Vibio Crispo[9] pudo responder no sin razón a un individuo que le preguntaba si había alguien dentro con César: «Ni siquiera una mosca». Más tarde, otorgó el título de Augusta a su esposa Domicia, de la que durante su segundo consulado había tenido un hijo y, al año siguiente, una hija. Más adelante, sin embargo, la repudió, al haberse enamorado ella perdidamente del comediante Paris[10], pero poco tiempo después, incapaz de soportar esta separación, volvió a tomarla, pretextando que el pueblo se lo exigía. Respecto a la administración del Imperio, se mostró durante algún tiempo muy cambiante, con una equilibrada mezcla de vicios y virtudes, hasta que también las virtudes las convirtió en vicios; en efecto, en cuanto nos es posible inferir, la penuria lo volvió avaro; el miedo, cruel.