Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares VI. Emprendió algunas expediciones militares por iniciativa propia y, otras, obligado por la necesidad. Por propia iniciativa, contra los catos. Obligado por la necesidad, una contra los sármatas, por haber aniquilado una legión entera con su legado, y dos contra los dacios: la primera, para vengar la derrota sufrida por el ex cónsul Opio Sabino; la segunda, a causa de la derrota infligida a Cornelio Fusco[15], prefecto de las cohortes pretorianas, a quien le había confiado el mando supremo de aquella guerra. Tras diversas batallas de diferente signo, celebró su doble triunfo sobre los catos y los dacios; por su victoria sobre los sármatas, en cambio, se limitó a ofrecer una corona de laurel a Júpiter Capitolino. El conato de guerra civil promovido por Lucio Antonio, gobernador de Germania Superior, pudo sofocarlo, sin hallarse ni siquiera presente, gracias a un sorprendente golpe de suerte, pues, al deshelarse súbitamente el río Rin en el mismo momento del combate, contuvo a las tropas bárbaras que se disponían a cruzarlo para unirse a Antonio[16]. Domiciano tuvo conocimiento de esta victoria por los presagios antes que por los mensajeros, pues el mismo día en que se había celebrado el combate, una magnífica águila, rodeando, en Roma, su estatua con sus alas, emitió alegres chillidos. Poco tiempo después, hasta tal extremo se propaló entre todos la noticia de que Antonio había muerto, que muchos llegaron a asegurar que su cabeza había sido traída a Roma y que ellos la habían visto.