Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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X. No se mantuvo, sin embargo, en este tenor de clemencia y mesura, si bien se decantó con más rapidez por la crueldad que por la avaricia. Hizo matar a un discípulo, todavía un niño y gravemente enfermo, del mimo Paris, porque le parecía demasiado semejante a su maestro en arte y belleza. Lo mismo hizo con Hermógenes de Tarso, a causa de ciertas mordaces alusiones en su historia, e hizo crucificar, incluso, a los copistas que la transcribieron. A un padre de familia, por haber afirmado que un gladiador tracio podía luchar en pie de igualdad con un mirmilón, pero no con el que pagaba los juegos[24],lo arrancó de su asiento y lo arrojó a los perros en la arena, con un cartel que rezaba así: «Un partidario de los gladiadores tracios que se ha expresado con insolencia». Hizo dar muerte a muchos senadores, entre ellos a algunos ex cónsules: por ejemplo, a Cívica Cerealis, mientras ejercía el proconsulado de Asia; a Salvidieno Orfito y a Acilio Glabrión, cuando se hallaban en el exilio, bajo el pretexto de que tramaban un golpe de Estado, y, al resto, por motivos completamente triviales. Asesinó a Elio Lamia debido a unas bromas que le sentaron muy mal, aunque inocuas y ocurridas hacía tiempo, ya que, después de que Domiciano le arrebatara su esposa, había comentado a un amigo que le alababa su voz: «Practico la castidad», y a Tito, que le exhortaba a que contrajese un nuevo matrimonio, le había replicado: «¿Acaso también tú quieres casarte?»[25]. Hizo matar a Salvio Cocceiano por haber celebrado el natalicio del emperador Otón, su tío paterno; a Mecio Pompusiano, porque la gente comentaba que su carta natal le auguraba que sería emperador y porque llevaba siempre consigo un dibujo en pergamino del orbe terráqueo y los discursos de los reyes y de los jefes, extraídos todos ellos de Tito Livio, y por haber dado a dos esclavos los nombres de Magón y Aníbal. Hizo ejecutar a Salustio Lúculo, legado de Britania, por haber permitido que a un nuevo modelo de lanzas se las llamase «lucúleas»; a Junio Rústico, por haber publicado unos panegíricos de Peto Trásea y de Helvidio Prisco y haberlos denominado «hombres virtuosísimos»; por cierto que, con el pretexto de este delito, expulsó de Roma y de Italia a todos los filósofos. Asesinó también al hijo de Helvidio, alegando que en una farsa teatral había censurado su divorcio de su esposa, encubriendo sus nombres bajo los personajes de Paris y Enone[26]. Hizo morir también a Flavio Sabino[27], uno de sus primos hermanos, porque el día de los comicios consulares el pregonero, por equivocación, lo anunció al pueblo, no como cónsul electo, sino como emperador. No obstante, después de la guerra civil se mostró todavía mucho más cruel, pues, mientras investigaba el paradero de los cómplices que se habían ocultado, atormentó a muchos de sus adversarios cautivos con un nuevo sistema de interrogatorio, consistente en introducirles fuego en sus órganos genitales; asimismo, hizo amputar las manos a algunos de ellos. De todos es sabido que tan sólo perdonó a dos de los adversarios más ilustres: a un tribuno laticlavo y a un centurión, quienes, para probar más fehacientemente que eran inocentes, demostraron que eran homosexuales y que por ese motivo era imposible que hubieran podido tener peso alguno ni ante su jefe ni ante los soldados.


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