Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LII. Tuvo también amores con reinas, entre ellas con Eunoe, de Mauritania, esposa de Bógud, a la cual, y también a su marido, les hizo muchísimos y valiosísimos regalos, según escribió Naso. Pero, sobre todas las demás, amó a Cleopatra, junto a la cual prolongaba los banquetes hasta el amanecer y en cuya compañía, en una góndola con camarotes, se adentró en Egipto y hubiera llegado hasta Etiopía, si el ejército no se hubiese negado a seguirlos; y, por último, después de haberla invitado a visitar Roma, no la dejó marchar sin antes haberla colmado de regalos y de los máximos honores, e incluso aceptó dar su nombre a un hijo que tuvo de ella. Y, por cierto, algunos escritores griegos nos han transmitido que éste era sumamente parecido a César, tanto en su aspecto físico como en su forma de andar. También Marco Antonio declaró ante el Senado que este hijo había sido reconocido por César y que de este hecho estaban también al corriente C. Macio, C. Opio y los demás amigos de César. De éstos, Cayo Opio, como si el asunto necesitase una completa defensa y justificación, publicó un libro afirmando que no era hijo de César el que Cleopatra decía serlo. Por otra parte, el tribuno de la plebe, Helvio Cinna, confesó a mucha gente que había tenido redactada y preparada una ley que, según él, César le había ordenado presentar cuando él estuviera ausente, por la cual le sería lícito, a fin de tener hijos, casarse con todas y cuantas mujeres desease. Y para que a nadie le quedase la menor duda de que César se había ganado una vergonzosa reputación de sodomita y adúltero, Curión padre, en un discurso, le llama «marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos».


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