Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LXXXVI. César hizo concebir a algunos de los suyos la sospecha de que no tenía interés en prolongar durante largo tiempo su vida y de que, en consecuencia, tampoco se preocupaba ante el hecho de que su salud pareciera deteriorarse y que, por ese motivo, había hecho caso omiso de los presagios religiosos y de las advertencias de sus amigos. Hay quienes creen que, confiando en el último decreto del Senado y en su juramento, había retirado su guardia personal de soldados hispanos, que, armados con espadas, tenía siempre a su lado. Otros, al contrario, son de la opinión de que había preferido afrontar de una vez las intrigas que por todas partes le amenazaban, antes que precaverse de ellas. Algunos afirman que César acostumbraba decir que «el hecho de que él siguiera vivo, afectaba más a los intereses del Estado que a los suyos propios; que él ya había alcanzado desde hacía tiempo una más que suficiente gloria y poder, pero que la República, si algo le sucedía a él, no permanecería impasible y caería en una guerra civil de peores consecuencias todavía».