Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares IV. Por lo demás, una vez sofocada la revuelta, acusó de concusión a Cornelio Dolabela, ilustre personaje que había sido cónsul y recibido los honores del triunfo[5]. Al ser absuelto éste, decidió marcharse a Rodas y, tanto para evitar una posible venganza, como por placer y descanso, se dedicó a ejercitarse con Apolonio Molón, famoso maestro de retórica en aquel entonces. Durante su singladura hacia la isla, ya en los meses de invierno, fue capturado por los piratas junto a la isla de Farmacusa y, con gran indignación por su parte, permaneció en su poder cerca de cuarenta días en compañía tan sólo de un médico y dos sirvientes, pues había enviado inmediatamente a sus demás acompañantes y sirvientes a recaudar el dinero exigido para su rescate. Luego, tras haber pagado cincuenta talentos y ser desembarcado en la playa, habiendo reunido enseguida una flota, se lanzó al punto en su persecución y, una vez capturados, los hizo ejecutar tal y como, medio en broma medio en serio, les había amenazado numerosas veces. Como en aquellos días Mitridates[6] estaba asolando las regiones fronterizas, para que no pareciese que permanecía ocioso en una situación tan crítica para los aliados, desde Rodas, adonde se había dirigido, se trasladó a Asia y, reuniendo unas tropas auxiliares y expulsando con ellas de la provincia al lugarteniente del rey, mantuvo leales a las ciudades que estaban indecisas y vacilantes.