Amanecer en la cosecha (Los juegos del hambre 5)
Amanecer en la cosecha (Los juegos del hambre 5) Pero el verdadero regalo de Haymitch será un rato con Lenore Dove, la chica Covey que ama en secreto. La encuentra en la pradera, cantando una canción prohibida sobre la injusticia. La acompaña con besos, pan con ciruelas y la promesa de un rato juntos en el bosque más tarde.
Ella le entrega su propio regalo: un encendedor de metal forjado en forma de ave y serpiente entrelazadas. Hermoso y útil, como todo lo que hace el tÃo herrero de Lenore. Él lo adora. Ella, más seria, le habla de la ilusión de lo inevitable. Que el reaping no tiene por qué ser eterno. Que el sol no se alza por costumbre, sino por causas.
—Pensás que siempre habrá reaping porque siempre hubo uno. Pero eso no es prueba de nada.
—¿Y entonces qué hago? ¿Espero que el sol no salga?
—Esperá que no haya reaping.
El diálogo es tierno y profundo. Pero Haymitch no puede imaginar una realidad distinta. Acaricia su regalo y la besa con fuerza. Aunque su razón desconfÃa, su corazón se aferra a esa última mañana juntos.
