Los juegos del hambre
Los juegos del hambre —No irás —insiste él, pero Katniss lo duerme con bayas somnÃferas y se desliza en la oscuridad.
En la Cornucopia, tributos esperan. Clove la ataca. Katniss forcejea, pero la tributo es más fuerte. Le pone un cuchillo en la garganta. —¿Sabes qué? Mataré a Peeta después de ti.
Antes de que pueda hacerlo, un grito retumba. —¡No la toques!
Thresh, el tributo del Distrito 11, la sujeta por el cuello y la estrella contra la Cornucopia. Un crujido seco. Clove ya no se levanta.
Katniss se congela. Thresh la mira con furia. —Le diste un entierro a Rue —dice al fin—. Te debo una.
Y la deja ir.
Con la medicina en mano, Katniss regresa a la cueva. Peeta sigue ardiendo en fiebre. Le inyecta el antÃdoto y se queda con él, acariciando su cabello hasta que el amanecer los encuentra.
Peeta despierta, más fuerte. Su relación ya no es solo una estrategia. Entre besos y silencios, algo real se ha infiltrado en el juego.
Pero la Arena se está quedando vacÃa. Solo quedan ellos y tres tributos más.
El Capitolio se impacienta. Y la cacerÃa final está por comenzar.