Los juegos del hambre
Los juegos del hambre —PodrÃamos irnos —murmura Gale. Katniss sabe que no es tan fácil. Su madre y Prim dependen de ella para sobrevivir. Aún recuerda el hambre después de que su padre muriera en una explosión en la mina. Su madre, sumida en la depresión, dejó de responder. Fue entonces cuando Katniss aprendió que en Panem, la única ley es la supervivencia.
Cuando regresa a casa, Prim la espera con su vestido limpio y una emoción frágil en los ojos. Katniss trata de calmarla: su nombre solo está una vez en la tómbola, mientras que el de ella aparece muchas veces, intercambiado por teselas de comida. Pero la suerte es cruel.
En la plaza, Effie Trinket, la excéntrica representante del Capitolio, sube al escenario con su eterna sonrisa artificial. —¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre de vuestra parte! Katniss apenas escucha cuando mete la mano en la urna de cristal. Todo se congela cuando pronuncia un solo nombre: —Primrose Everdeen.
Katniss siente que el mundo se parte en dos. Su hermana, su Prim, camina temblorosa hacia la muerte. Antes de poder pensar, Katniss grita: —¡Me presento voluntaria!