Los juegos del hambre
Los juegos del hambre El silencio es absoluto. Nunca nadie se ha ofrecido como tributo en el Distrito 12. Pero ahora es real: Katniss ha cambiado su destino. Mientras Prim se aferra a ella llorando, Katniss la aparta. —Tienes que ser fuerte. Mamá te cuidará.
El tributo masculino es Peeta Mellark, el hijo del panadero. Katniss lo reconoce de inmediato. Años atrás, cuando ella estaba al borde de la inanición, Peeta le arrojó un pan quemado, desafiando el castigo de su madre. Desde entonces, nunca han hablado, pero ese acto de compasión se grabó en su memoria.
Antes de partir, recibe una visita inesperada: su madre y Prim, quienes le suplican que luche por vivir. Después llega Gale. —Tienes más posibilidades de lo que crees —susurra, pero Katniss ve el dolor en sus ojos.
El tren hacia el Capitolio parte. Katniss mira por la ventana cómo su hogar desaparece. La caza ha terminado. Ahora, el verdadero juego comienza.
El tren avanza a una velocidad imposible, alejando a Katniss y Peeta de todo lo que conocen. En la mesa, platos repletos de carne, pasteles y frutas exóticas los esperan. Peeta come con calma, pero Katniss no puede evitar devorar la comida; el hambre es un hábito difÃcil de olvidar.