Los juegos del hambre
Los juegos del hambre Haymitch Abernathy, su mentor y único ganador vivo del Distrito 12, entra tambaleándose con una botella en la mano. Un borracho despreocupado, incapaz de tomarse su deber en serio. Peeta intenta hablar con él, pero Haymitch responde vomitando en el suelo.
—Estamos muertos —murmura Katniss.
Pero al día siguiente, algo cambia. Peeta se gana la simpatía de Haymitch ofreciéndole un trato: si va a ayudarlos a sobrevivir, al menos debería estar sobrio.
Cuando llegan al Capitolio, el espectáculo comienza. La ciudad es una orgía de colores, edificios imposibles y gente vestida como muñecos de feria. Katniss y Peeta son entregados a sus equipos de preparación, donde los convierten en algo más que tributos: los transforman en íconos.
Cinna, su estilista, es diferente a los demás. Con su ropa sencilla y su voz tranquila, le ofrece algo que nadie en el Capitolio le ha dado: respeto. —Quiero que todos te recuerden —le dice mientras le ajusta el traje negro—. Quiero que ardas.
Y arde. Cuando Katniss y Peeta aparecen en el desfile de tributos, sus trajes se encienden en llamas artificiales. El público enloquece. La chica del Distrito 12, el lugar más miserable de Panem, ahora es “La chica en llamas”.