Los juegos del hambre
Los juegos del hambre Los dÃas de entrenamiento comienzan. Katniss observa a los tributos más fuertes: los profesionales de los Distritos 1 y 2, entrenados desde niños para matar. Peeta, en cambio, se gana a todos con su carisma.
En la prueba final, Katniss debe demostrar sus habilidades ante los Vigilantes, los jueces del Capitolio. Le asignan un arco, pero las primeras flechas fallan. Los jueces bostezan, desinteresados. La rabia hierve en su interior. Con precisión mortal, dispara una flecha directa a la mesa de los Vigilantes, atravesando una manzana en la boca de un cerdo asado.
El silencio es absoluto. —Gracias por su atención —dice Katniss antes de salir de la sala.
Esa noche, teme haber firmado su sentencia de muerte. Pero cuando anuncian las puntuaciones, su nombre brilla con un increÃble 11 sobre 12. Un desafÃo directo al Capitolio.
El dÃa de las entrevistas llega. Peeta sube primero al escenario y, con su sonrisa fácil, cautiva a la audiencia. Luego suelta la bomba. —Estoy enamorado de Katniss Everdeen.
El mundo estalla. Katniss lo fulmina con la mirada, pero Peeta la sostiene con la suya. —¿Era necesario? —le espeta cuando bajan del escenario. —Haymitch cree que nos da una ventaja —responde Peeta, encogiéndose de hombros.