Cuento de un tonel
Cuento de un tonel El segundo ejemplo, que yo he leído en alguna parte en un autor muy antiguo, es el de un poderoso rey que, a lo largo de unos treinta años, se divirtió tomando y perdiendo ciudades, derrotando ejércitos y siendo derrotado, expulsando a otros príncipes de sus dominios, aterrorizando a los niños al quitarles el sustento, incendiando, devastando, saqueando, hostigando y masacrando a súbditos y extranjeros, amigos o enemigos, hombres o mujeres. Está acreditado que los filósofos de todos los países estuvieron discutiendo seriamente acerca de las causas naturales, morales y políticas de este fenómeno, tratando de averiguar dónde podrían aplicar una solución a su origen. Al final, el vapor o espíritu que animaba el cerebro de este personaje, al estar en circulación perpetua, se asentó en esa región del cuerpo humano conocida por suministrar la zibeta occidentalis, y, transformándose allí en un tumor, dejó en paz por el momento al resto del mundo. Pues tanta es la poderosa importancia del lugar donde se fijan estas emanaciones como tan pequeña la del que proceden. Esos mismos efluvios que, en su progresión ascendente pueden conquistar un reino, al descender al ano concluyen en una fístula.