Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Por lo tanto considero que es evidente, por lo que ya he expuesto aquí, que ha de ser objeto principal de talento y destreza el darle utilidad a ese exceso de vapores y ajustarse prudentemente a sus cambios de estación, cuyo efecto puede resultar de capital y universal beneficio para la comunidad. De manera que un hombre, tras escoger el momento adecuado, se lanza a un abismo, del que sale convertido en héroe, y es llamado el salvador de su país; otro logra la misma proeza, pero, por una desafortunada elección del momento, deja la marca de la locura en su memoria, fijada como un oprobio: sobre tan notable distinción se nos enseña a repetir el nombre de Curcio con reverencia y afecto, y el de Empédocles con odio y desprecio. Así también se interpreta generalmente que Bruto el Viejo solo hacía el papel de necio y loco por el bien del público, pero realmente no se trataba de otra cosa que de un exceso del mismo vapor, malgastado durante mucho tiempo, que en latín era llamado ingenium par negotiis, o, dándole la traducción más aproximada que puedo, una especie de frenesí, siempre fuera de lugar hasta que se aplica a los asuntos de Estado.