Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Por todo ello, y por muchas otras razones de igual peso, aunque no tan curiosas, me complace aprovechar aquí la oportunidad, que he buscado desde hace tiempo, de recomendar, como empresa muy noble, a sir Edward Seymour, sir Christopher Musgrave, sir John Bowles, el señor John Howe, y a otros patriotas interesados, que promuevan una ley para nombrar a unos comisionados que inspeccionen Bedlam y lugares adyacentes, y que estén facultados para hacer comparecer a personas, escritos y documentos, examinar los méritos y cualificaciones de cada alumno y cada profesor, observar con la mayor exactitud sus distintos caracteres y comportamientos, mediante lo cual, al descubrir y adaptar debidamente sus cualidades, se pueda suministrar unos admirables instrumentistas a los diversos oficios del Estado, tanto civiles como militares, procediendo con los métodos que humildemente propondré aquí. Y espero que el gentil lector conceda alguna tolerancia a la gran atención que he dedicado a este importante asunto, en atención a la alta estima en que he tenido siempre a aquella honorable institución, de la que tuve algún tiempo la dicha de ser un indigno miembro.