Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Los maravillosos cumplidos que en los últimos años se han dedicado mutuamente el mundo de los autores y el de los lectores son un argumento incontestable de una época refinada. Difícilmente puede surgir una comedia, un panfleto o un poema sin un prefacio lleno de agradecimientos al mundo por la general acogida y aplauso dispensados, y que solo Dios sabe dónde, cuándo, cómo o de quién los recibió. Como obligada deferencia a tan laudable costumbre, expreso aquí mis humildes gracias a Su Majestad y a las dos cámaras del Parlamento, a los lores del muy honorable Consejo privado del rey, a los reverendos jueces, al clero, a la aristocracia y a los hacendados de este país; pero de manera muy especial, a mis ilustres cofrades y amigos del café Will’s, del Gresham College, de Warwick Lane, de Moorfield, de Scotland Yard, de Westminster Hall y de Guildhall, en suma, a todos los residentes y criados de cualquier clase, ya sea en la corte, la iglesia, el campamento, la ciudad o el campo, por su generosa y universal aceptación de este divino tratado. Acepto su aprobación y buena opinión con extrema gratitud y, hasta donde mi pobre capacidad me lo permita, tendré en cuenta todas las oportunidades de devolverles la atención.